Preguntas saturan su mente sobre su estado anímico. Hasta hace un momento se creía feliz, pero una palabra ha sido el detonante para despertad sus inseguridades y su tristeza, sus ganas de llorar. No son palabras dañinas, pero hay un matiz que la daña y derriba la muralla que la separa del mundo y de sus sentimientos contradictorios. La realidad se enturbia haciendo su visión borrosa.
Los ojos se enrojecen y se estrechan, los labios se curvan y las cejas se arquean. La mirada se fija en el suelo en un vano intento de sostener el llanto, o en el cielo. Pero la mirada se empaña, cada vez se acumulan más lágrimas, se engrosan y terminan precipitando.
Hay lluvia cayendo de sus ojos haciendo brotar la nostalgia. Llora, y no sabe la causa de su dolor.

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