jueves, 17 de noviembre de 2011

Porque hay ocasiones en las que las lágrimas afloran sin sentido, ármate con una SONRISA.

Porque hay ocasiones en las que las lágrimas salen solas, que se derraman haciendo brillar los ojos, consolando cada centímetro del rostro con su calidez, barriendo por completo las caretas y artificios, dejándonos indefensos sin nuestra coraza que enmascara nuestras emociones. Una presión en el pecho y un nudo en la garganta que nos impide hablar, es el primer aviso.

Preguntas saturan su mente sobre su estado anímico. Hasta hace un momento se creía feliz, pero una palabra ha sido el detonante para despertad sus inseguridades y su tristeza, sus ganas de llorar. No son palabras dañinas, pero hay un matiz que la daña y derriba la muralla que la separa del mundo y de sus sentimientos contradictorios. La realidad se enturbia haciendo su visión borrosa.

Los ojos se enrojecen y se estrechan, los labios se curvan y las cejas se arquean. La mirada se fija en el suelo en un vano intento de sostener el llanto, o en el cielo. Pero la mirada se empaña, cada vez se acumulan más lágrimas, se engrosan y terminan precipitando.




Hay lluvia cayendo de sus ojos haciendo brotar la nostalgia. Llora, y no sabe la causa de su dolor.

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