La calma de nuestras vidas cesó, al igual que, los días iguales que se sucedían deslizándose sin ser percibidos. La serenidad fue remplazada por una tormenta, lluvia que azotaba los cimientos de nuestra conformidad. Se han desencadenado las emociones más exultantes, la guerra ha comenzado. Buscamos la libertad que nos fue arrebatada discretamente.
Ha llegado la hora de proclamarnos eternos.