Es beber agua sin control cuando estás sediento. Has bebido bastante, quizá demasiada. Sin embargo, no puedes parar. Cuando comienzas gobierna tu ansiedad, la necesidad anterior sigue imperando. Como si no lo hubieras hecho nunca atesoras el momento, lo disfrutas por si no hubiera más.
Es montar en una montaña rusa, mientras va subiendo aumenta la emoción y esperas la caída con impaciencia.
Es saltar al vacío confiando en tu seguridad. Tirarte al mar, sumergirte y después respirar, sintiendo vitalismo.
BESARTE...
Produce la misma inquietud que la ilusión de abrir regalos cuando eras pequeño. Poco a poco, la sonrisa se dibuja en tu cara con ganas de comenzar, anticipándote a ese momento.
Surge como la necesidad de un abrazo.
Comienza con un roce que hace aumentar mi sed, nuestros labios se abren para hacer encajar nuestras bocas. Tengo sed de ti y se apodera la necesidad en mí. Cada vez con más pasión, con más urgencia. Me acerco, te acercas. Mis brazos rodean tu cuello y tus manos mi cintura, me pongo de puntillas para estar a la altura de tu boca. Se buscan nuestras lenguas, se enlazan y juegan. Las sonrisas necesitan mostrarse y se alternan con nuestras miradas mientras intentamos saciarnos.
COMIENZA UNA LUCHA DE BESOS ROBADOS.